La
nueva modalidad de transgénicos 2.0, denominada edición genómica
gana espacio en la región sudamericana, impulsada por las
corporaciones del agronegocio y poniendo en riesgo la biodiversidad,
la calidad de los alimentos y la soberanía productiva y alimentaria
de los pueblos.
Esta nueva forma de Organismos
Genéticamente Modificados (OGM) ya fue aprobada en Paraguay, sin
debate y con un sospechoso sigilo por parte de las autoridades
competentes.
“El mundo es testigo de un renovado impulso
a favor de las semillas y los cultivos modificados genéticamente”
advierte un reciente informe la Organización GRAIN.
Al igual que en el pasado, las empresas de
biotecnología y la agroindustria presentan sus nuevas plantas
biotecnológicas como la solución mágica que viene a resolver los
problemas de la humanidad, desde la inseguridad alimentaria y
nutricional, hasta el cambio climático y la pérdida de
biodiversidad”.
Las corporaciones biotecnológicas impulsan de
manera acelerada sus nuevos transgénicos 2.0 como “nuevas
técnicas de mejoramiento vegetal, dado que algunas de estas nuevas
técnicas, como la edición de genes, no requieren la inserción de
un gen externo, la industria biotecnológica, así como algunas
agencias gubernamentales, afirman que estos productos editados
genéticamente no deben ser considerados ni regulados como
transgénicos”.
Mientras que varios países de la Región de
Asia-Pacífico discuten si estos OGM deben ser regulados con las
mismas normativas que los transgénicos ya conocidos.
El informe relata la experiencia de lucha y
resistencia de los pueblos de Japón, Filipinas, China, India,
Bangladesh, Vietnam y Australia, contra estas nuevas tecnologías de
las corporaciones del agronegocio.
¿Qué es la Edición Genómica y qué
sucede en América Latina?
Edición genómica comprende un amplio campo de
técnicas de ingeniería genética usadas para editar partes del
genoma en casi cualquier organismo vivo. Esta nueva biotecnología
está ganando apoyo y popularidad debido a que es considerada una
técnica de alteración genética más rápida, barata y
comparativamente más sencilla.
La mayor parte del proceso de edición genética
implica la creación de un nuevo producto a partir de cortar o borrar
pequeñísimos segmentos de ADN, sin que necesariamente se involucre
la transgenie (introducción de genes “extranjeros” desde otras
especies).
Numerosas investigaciones prueban que las
tecnologías de edición genética y sus aplicaciones, claramente
encajan en la, definición de “organismo modificado”, ya sea que
inserten, borren o editen secuencias del genoma, de las múltiples
técnicas utilizadas en la edición genética, la más popular es
aquella conocida como CRISPR.
Por lo general, esta técnica emplea un tipo de
cortador de ADN llamado “Cas9”, por lo que a menudo se refieren a
ella como sistema de edición genética CRISPR-Cas9.
Advertencias sobre los transgénicos 2.0
En el informe Con la Soja al Cuello 2021 la
investigadora Lis García advertía que en el año 2019, en Paraguay,
se habilitó “a puertas cerradas y sin ningún debate”, el
registro legal de productos obtenidos mediante técnicas de
mejoramiento, a partir de la promulgación de la Resolución No 842
del 10 de julio del año 2019.
Esta medida legaliza la introducción de nuevos
OGMs producidos por edición genómica a través de trámites de
bioseguridad simplificados y menos estrictos que los que ya existían
o directamente eximiéndoles de la evaluación de bioseguridad.
El mismo trámite se ha efectuado en otros países
de América Latina tales como Argentina, Brasil, Chile, Colombia,
Honduras, Guatemala y Costa Rica con el mismo fin de evitar los
controles de bioseguridad, establecidos para los transgénicos de
primera generación.
La investigadora Silvia
Ribeiro señala que dentro de las aplicaciones
de la biotecnología CRISPR-Cas9 se encuentran los llamados
“conductores o impulsores genéticos”. Se trata de una de las
técnicas más riesgosas porque es “una forma de engañar a las
leyes naturales de la herencia y forzar a que los genes introducidos
a un organismo sean heredados a toda una población o incluso, si
funciona, a toda una especie.”
De acuerdo al grupo ETC (2019) existen alrededor
de 600 usos posibles destinados a la agroindustria, entre los que se
encuentran aplicaciones de esta tecnología en combinación con
decenas de agrotóxicos.
Las principales corporaciones transnacionales
(Bayer-Monsanto, DuPont, Corteva, Syngenta y BASF) tienen licencias y
patentes para usos agrícolas de CRISPR.
Con ello, lo que las corporaciones denominan
plagas (plantas, insectos, nemátodos, ácaros, polillas y otras
especies etc.) podrán ser “extintas” o susceptibles a ciertos
agrotóxicos como el glifosato y otros.
De acuerdo a los datos proveídos por el
Departamento de Protección y Uso de Variedades de la Dirección de
Semillas (DISE) del SENAVE, no se ha presentado hasta el momento
ninguna solicitud de inscripción de variedades/híbridos con edición
genómica en los Registros de Cultivares Protegidos ni en los
Registros de Cultivares Comerciales.
“Resulta fundamental mantener la alerta
sobre el uso y aplicación de esta tecnología, debido a que esta
avanzada biotecnológica del agronegocio constituye una verdadera
amenaza para la biodiversidad agroalimentaria de nuestros
territorios” concluye la investigadora Lis García.
Publicado originalmente en BASE-IS
Paraguay
Ecoportal.net